miércoles, 15 de julio de 2015

Druida


El druida -palabra cuyo origen etimológico significa "el hombre de roble"- señala su vinculación con el hábitat de los bosques; otros autores, en cambio, consideran que el término responde  a distinto origen y lo interpretan como "los muy sabios". El mismo Julio César, en sus Crónicas de la guerra de las Galias (VI, 13), supo distinguir muy bien a este influyente grupo como un cuerpo cohesionado, claramente diferenciado del estamento aristocrático de la sociedad céltica de la Galia. Estrabón relaciona, en cierto modo, a los druidas, bardos y vates, como integrantes del sacerdocio de estos pueblos.
Entre los antiguos celtas, el druida era miembro de la clase alta sacerdotal, estrechamente ligado a poder político y religioso, y considerado depositario del saber sagrado. Además de chamanes y videntes, eran consejeros legales y morales. El período de formación duraba un mínimo  de veinte años, en los que memorizaban los misterios y las leyes. 
Fueron numerosas e importantes las funciones que desarrollaron los druidas; entre las cuales, en su dimensión religiosa, se encontraba velar por las cosas divinas, además de la celebración de sacrificios a los dioses, tanto de carácter público como privado; igualmente eran responsables de impartir justicia, a través de unos conocimientos que recibían del Más Allá, según las creencias del pueblo, basados en una ciencia ancestral que tenía como fuente la Naturaleza, en todas sus dimensiones. A ellos también les ocupaba el orden del tiempo, la cuarta dimensión, que sacralizaban en las ceremonias que llevaban a cabo en los lugares de poder, mirando al cosmos, mientras predecían solsticios y equinoccios, desde plataformas naturales (montañas sagradas y rocas monumentales), observación que les permitía elaborar los calendarios y la determinación de los días fastos o nefastos.
Las asambleas de los druidas se celebraban en los bosques. Se sabe además, que la autoridad del druida estaba muchas veces por encima de la del rey (tenía el derecho de hablar antes que aquél), y cuya elección solía reglamentar y orientar. El más famoso de todos fue Merlín, sabio consejero de Arturo. La mitología celta cuenta también con otros dotados druidas como Amergín y Cathbad, que eran bardos profetas y consejeros de reyes y de jefes. Algunos vivían como ermitaños en los bosques, pero sin perder por ello poder en la sociedad celta. Aunque solían ayudar a los mortales, algunas hadas maléficas como Morgana o Nimue hicieron uso de sus poderes sobrenaturales, manipulando a los hombres para sus propios fines.
Julio César habla de las escuelas druídicas donde gran cantidad de su saber se memorizaba en verso en un entrenamiento que a menudo duraba veinte años. Estudiaban astronomía, el universo, el mundo, filosofía moral y los dioses. Muchas lecciones se presentaban como acertijos. También realizaban sacrificios, algunas de estas ceremonias envolvían víctimas animales y humanas, metidas en trabajos de paja que luego se quemaban.
Pero todo este poder y, en particular, por los profundos conocimientos que contaban, los druidas de la Galia fueron sangrientamente perseguidos por los romanos, como recuerda Jean Markele: "Cuando Roma extendió su imperio sobre todo el Mediterráneo y parte de Europa occidental, se tuvo cuidado de eliminar todo lo que pudiese dañar su estructura sociocultural. Esto es evidente en los países celtas: los romanos persiguieron a los druidas hasta que desaparecieron de la Galia y, posteriormente, de Britannia. Los druidas representaban una amenaza absoluta para el estado romano porque su ciencia y filosofía contradecían peligrosamente la ortodoxia romana. Los romanos eran materialistas, los druidas, espirituales. Para los romanos, el estado era una estructura monolítica extendida sobre unos territorios deliberadamente organizados en una jerarquía. Para los druidas era un orden moral libremente aceptado con una idea central completamente mítica. Los romanos basaban su ley  en la propiedad privada de la tierra, con derechos de propiedad enteramente concentrados en el cabeza de familia, mientras que los druidas siempre consideraron la propiedad como algo colectivo. Los romanos consideraron a las mujeres portadoras de niños y objetos de placer, mientras que los druidas incluían a las mujeres en su vida política y religiosa. Se puede entender así cuán seriamente se vio amenazado el orden romano por el subversivo pensamiento de los celtas, a pesar de que nunca se expresó abiertamente. La facilidad de los romanos para librarse de las élites galas y britanas siempre se consideró asombrosa, pero no se tiene en cuenta que se trataba de una cuestión de vida o muerte para la sociedad romana." A pesar de ello, Julio César tuvo que recurrir al oráculo de un druida, Diviciaco, a quien, como agradecimiento por sus predicciones sobre la guerra que el romano estaba llevando a cabo en los pueblos galos, nombró consejero.
Los druidas y demás miembros del estamento sacerdotal de la Galia eran seleccionados de las capas altas de la sociedad, que estaban exentas de impuestos, además de no participar en los combates; pero sí podían exhortar al pueblo a tomar las armas. Esta posición de prestigio de la clase sacerdotal, los profundos conocimientos que atesoraban y la valentía que mostraba en situaciones difíciles animaron a muchas familias a confiar en los druidas la educación de sus hijos. El aprendizaje de lo más arduo, podía prolongarse incluso veinte años; se llevaba a cabo en los espacios profundos de los bosques, a la sombra de un roble, o bien en el interior de un recinto rodeado de piedras, en planta ovalada que recordaba la quilla de una embarcación. Los innumerables conocimientos que recibían los alumnos debían ser memorizados, al estar prohibido ponerlos por escrito, incrementando, aún más, el carácter esotérico de tales saberes. Muchas lecciones se presentaban como acertijos. También realizaban sacrificios, algunas de estas ceremonias envolvían víctimas animales y humanas, metidas en trabajos de paja que luego se quemaban.
En muchos lugares de Irlanda se podían ver, como reliquias de antiguos tiempos, grandes piedras planas sobre pilares de piedra. Sobre estos altares los druidas realizaban sus sacrificios antiguamente, y ejecutaban sus machos cabríos, toros, y sus carneros, a la vez que los druidas se arrodillaban recibiendo la sangre de sus víctimas sobre sus cuerpos, para lavar sus pecados. Las pieles de estos animales que sacrificaban servían para realizar conjuros y realizar la "geasa" (magia) contra los demonios. También esta magia podían realizarla mirando su propia imagen en el  agua, u observando fijamente las nubes del cielo, o escuchando silenciosamente el ruido del viento o el canto de los pájaros. Pero cuando todo esto fallaba, entonces tenían que realizar lo más supremo, que consistía en hacer círculos con zarzas poniendo encima las patas traseras de los animales ofrecidos en sacrificio, y con sus poderes mágicos llamaban a los demonios para obtener información.
Los druidas de la Galia solían reunirse una vez al año, para la fiesta de Shamain, o bien en el solsticio de verano, en el drunemeton de los Carnutes, situado en donde actualmente se encuentra la ciudad de Chartres (que posee la más famosa de las catedrales góticas de Francia, cuyo laberinto evoca, al mismo tiempo, el sagrado bosque de robles, en los cuales impartían su doctorado los druidas galos). Los druidas defendían la transmigración de las almas -creencias que también abrigaban los cátaros medievales-; de esta forma, los sacerdotes celtas inculcaban en el pueblo el desprecio a la muerte, especialmente a los guerreros que iban al combate. El drualismo galo no desapareció en la batalla de Alesia, sino que se mantuvo latente incluso bajo dominio romano, interviniendo en todo momento para exhortar a la resistencia indígena contra los invasores.
En la mitología celta de Irlanda, que alcanza hasta el mundo medieval, el concepto de druida es igualmente notable, al tratarse de un personaje del mayor prestigio, tanto en el ámbito social como político. Sobre él recaía toda la responsabilidad de la entronización de los monarcas. El druida irlandés debía velar por la educación de los jóvenes procedentes de los grupos aristocráticos, también, como consejero real, y protegido con una coraza, acudía a los combates. Los druidas de Irlanda tenían la facultad de la adivinación, mediante la observación del firmamento, interpretando el estado de las nubes, o bien lanzando augurios. Según la dirección y forma tomados por las llamas de un fuego encendido por ellos con ramas de fresno (el árbol sagrado de los templarios); igualmente tenían la facultad de adivinar el futuro interpretando los sueños. Se ha confirmado la existencia de sacerdotisas entre los druidas irlandeses.
Se han encontrado interesantes evidencias que confirmarían la presencia de druidas en los pueblos de la Iberia céltica.

DRUIDAS CAUSÍDICOS
Encargados de impartir justicia. Actuaban como intermediarios en los conflictos.

DRUIDAS SARÓNIDOS
Poseedores del conocimiento científico, que solían transmitirlo a los jóvenes discípulos.

DRUIDAS VACÍOS
Los únicos druidas que se relacionaban con los dioses. Funcionaban como intermediarios entre éstos y los hombres. Tenían conocimiento de la naturaleza y sabían extraer de ella todo el saber posible: sobre astronomía, medicina, etc. Se puede decir que eran los sabios. Actuaban como sacerdotes en los rituales y, posiblemente, eran quienes llevaban a cabo también los sacrificios humanos que se practicaban. Mantenían la creencia de la vida y la muerte y la migración de las almas.


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