viernes, 11 de abril de 2014

Animales sagrados celtas


Algunos animales no llegaron a ser elevados a la categoría de sagrados por los celtas, pero sí recibieron una gran admiración, por sus singulares condiciones y virtudes. Entre estos animales, debemos destacar el jabalí, representado en monedas, y en la geografía hispana esculpido en forma de verraco; el lobo y el buitre.

EL JABALÍ
Aparece en todas las leyendas célticas, tanto de Bretaña como en Irlanda, Galia, Inglaterra, Escocia o Gales, figurando siempre como animal valiente, en una jerarquía superior al dragón o monstruo primordial. Este animal se relacionaba con el poder de los druidas. Sabemos que una sacerdotisa druida de la Galia predijo a Diocleciano que éste sólo alcanzaría el poder cuando diera muerte a un jabalí; y así fue. Tiempo después, éste mató a Apro, jefe del ejército del que se sospechaba había asesinado al emperador Numeriano (año 284), siendo aclamado Diocleciano por las tropas en el mismo campo de batalla y elevado al trono de Roma.
En la imaginería céltica, aunque no consta que fuera objeto de culto propiamente dicho, se consideraba al jabalí sinónimo de combatividad, y se trataba de un animal que no dudaban en representar en sus monedas, por su significado netamente positivo. En la tradición hiperbórea, el jabalí representa con carácter primordial la autoridad espiritual, evocando el retiro solitario del druida en el bosque.
El jabalí, como el druida, se hallaba en estrecha relación con el bosque: se alimenta de la bellota de la encina; y la hembra, la jabalina, rodeada simbólicamente de sus nueve jabatos, no cesaba de escarbar la tierra al pie del manzano, el árbol de la inmortalidad. Sin embargo, para el cristianismo, el jabalí simbolizaba el demonio, probablemente por su fogosidad y paso devastador por los campos cultivados.

EL VERRACO
Animal que aparece esculpido en numerosos relieves en piedra de granito, de época céltica. Esta es, por lo demás, fundamental representación artística que le debemos a los celtas hispanos, que, aunque de trazado un tanto basto, constituye un símbolo cultural de notable importancia, que señala, además, el respeto de este pueblo por los seres vivos.
El verraco, animal a caballo entre el toro, el buey y el jabalí, representaba todo un símbolo de prosperidad para el pueblo celta, especialmente para las tribus dedicadas a la ganadería, como fueron los vettones y vacceos, principalmente. Numerosos especialistas coinciden en señalar que los verracos eran cerdos sementales, más que toros, que fueron representados, esculpidos en piedra de granito, con su correspondiente peana inferior, a modo de protectores contra los elementos y, al mismo tiempo, por su capacidad de fecundación (según los atributos que portaban), como deseo de abundancia, y una buena trashumancia en sus largos itinerarios según las época climáticas, para llevar el ganado a las tierras de pasto.

EL BUITRE
Animal sagrado para los celtas, el buitre, como intermediario entre los poderes terrenales y de la otra dimensión, era el encargado de guiar, tras la ingesta del cadáver, las almas de los difuntos al Walhala de la Iberia céltica.
El buitre al comer las entrañas de los difuntos, es un símbolo de muerte, pero, al mismo tiempo, como lo vieron los celtas, agente regenerador de las fuerza vitales que están contenidas en la descomposición orgánica; dicho de otra forma, como purificador o mago que asegura el ciclo de la renovación transmutando la muerte en nueva vida.
Los celtas no acostumbraban a enterrar a sus muertos, caídos en combate, sino que los dejaban expuestos al viento, para que los buitres devoraran sus entrañas y, en sus vientres, alcanzaran la gloria del Más Allá. La misma creencia, en este sentido, que los mazdeístas -seguidores de Zaratustra- en la antigua Persia.

EL LOBO
Animal vinculado con el mundo de ultratumba, en el ámbito de los pueblos de la Iberia céltica. Este poderoso animal con sus fauces abiertas simboliza, en la mitología celta, a la muerte; pero no una muerte cobarde, sino la que se alcanzaba tras un acto de valentía en el combate, al tiempo que devora la cabeza de un guerrero -símbolo del difunto-; es preciso volver a recordar que, para los celtas, el alma de la persona no residía en su corazón, sino en la cabeza, el miembro para ellos más sagrado y simbólico del cuerpo humano.
El lobo también guarda estrecha relación con las cofradías o hermandades de guerreros identificados con este animal de caza y combate, que forman agrupaciones regidas por el jefe de la manada o "macho dominante" (como los guerreros arcaicos europeos seguían al caudillo de su hermandad de combate -mannerbünde-), con fidelidad hasta la otra dimensión (Más Allá devotio), abrigando para sí las cualidades innatas del lobo: inteligencia, jerarquía, disciplina, agilidad, resistencia, arrojo, coordinación, ferocidad y valor.


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