sábado, 18 de enero de 2014

Aceptación y rechazo de lo mitológico


La Ilustración y el Romanticismo se acercaron a la mitología sin mayores problemas. Los ilustrados, a pesar de desenvolverse en los ámbitos propios de la racionalidad, se abstuvieron de condenar a los mitos y, por el contrario, se propusieron encontrar sentido a los relatos míticos aparentemente fantásticos. La tradición romántica, en confrontación directa con todo aquello que surgiera del radicalismo intelectual, defendió los contenidos que no estaban al alcance de la razón y, por lo tanto, les atribuyó un valor añadido. Es más, desacreditaron a la razón como vía adecuada para ofrecer explicaciones sobre el mito. Ni que decir tiene que, justo al otro extremo, el racionalismo entendió que el mito era lo contrario a la verdad y que, en consecuencia, no marcaba ningún modelo válido a seguir.
El mito, pues, ha merecido, históricamente, valoraciones bien distintas. Ha gozado de movimientos de apoyo y ha sufrido corrientes de desprecio.
Algunos filósofos insisten en la necesidad de separar las dosis de ficción o de irrealidad que contienen los mitos para poder adentrarse en el estudio y análisis de las aportaciones históricas que se intuyen como la parte esencial de su existencia. Se recalca, en este sentido, que el mito puede contener mensajes y referencias sobre acontecimientos de gran complejidad que sólo pudieron ser transmitidos a través de personas que utilizaron el simbolismo para relatar hechos de los cuales ellos pudieron ser testigos de excepción.


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