domingo, 24 de abril de 2016

Esus


Esus era el dios galo de los bosques, considerado por los pueblos celtas como el leñador divino, que se aparece en ocasiones cortando la leña con la que alimentar las hogueras para los sacrificios.

En la batalla era un asesino violento y sanguinario. Había la costumbre de sacrificar prisioneros de guerra en su honor, a los que se acuchillaba por la espalda, aunque se creía que le complacía más que los ahorcaran en un árbol. Los druidas leían las convulsiones del sacrificado, con las que profetizaban futuros acontecimientos.

Se le asociaba a Teutates y Taranis, formando así una terrible triada divina de la muerte y la oscuridad. Su esposa Rosmerta, era la diosa del fuego, la abundancia y la muerte.



sábado, 22 de agosto de 2015

La orina, fármaco natural


Gracias a varios autores clásicos se conoce la importancia que la orina tenía para las personas del grupo familiar, tanto como dentífrico, para la limpieza bucal, como para el aseo personal.
El enjuagado de la boca y el lavado de los dientes, tarea que los pueblos de la cultura castreña del noroeste peninsular realizaban a diario, era algo habitual de los celtas hispanos. La orina se recogía en recipientes, de tres o cuatro cazoletas abiertas en un bloque de piedra de granito, y era dejado al aire libre para que se oxigenara, para luego ser utilizado, a la mañana siguiente, en el aseo personal del clan familiar.
Además, la orina también era utilizada para la limpieza de la piel, labor que realizaba la mujer, con un paño, en el cuerpo del esposo, de los hijos y demás miembros de la familia, proporcionando, con ello, una limpieza integral de los poros, la curación de alguna herida y la revitalización del flujo sanguíneo de la dermis, al tiempo que la brillantez del cuerpo.
Al destacar los pueblos celtas de la antigua Iberia por su aseo y escrupulosa limpieza en alimentos y vestidos, a nadie puede extrañar, por tanto, que entre ellos estuviese generalizado el hábito cotidiano de lavarse los dientes y también el resto del cuerpo con orina, uso que, en definitiva consideraban beneficioso para su salud.


jueves, 30 de julio de 2015

La energía de las piedras


La piedra ha sido, desde los albores de la humanidad, uno de los objetos de mayor centro de culto para los pueblos tanto de Oriente como de Occidente, porque entre el alma y la piedra se establece una estrecha relación.
Los celtas, ya desde los primeros movimientos migratorios que se remontan a la Edad del Bronce, a finales del Neolítico, sintieron una profunda adoración hacia las piedras. Con ellas, la sociedad dio un cambio sustancial en su comportamiento, porque, con sus construcciones, se inició el proceso a la sedentarización de los pueblos, al tiempo que una especie de cristalización cíclica de su cultura.
Las piedras (betilos) no tardaron en ser consideradas sagradas para los celtas, convirtiéndose en centros de veneración, símbolos del centro primordial que, después de su desprendimiento del bloque matriz, se ocultaron en el seno de la tierra, para convertirse en elementos de comunicación entre el cielo, la tierra y el mundo subterráneo. Esas construcciones, que remontan su origen  a los tiempos megalíticos (dólmenes, menhires, crómlechs, etc.), desempeñaron para los celtas el nexo de unión entre la Madre Tierra y el Cosmos, y las claves sacerdotales (druidas) no dudaron en establecer en ellas, y también en sus sagrados entornos, los centros de curación y transmisión al pueblo de sus conocimientos, como lugares de poder, de fuerza telúrica. No es casualidad, por tanto, que las grandes construcciones megalíticas de la península Ibérica coincidan en el espacio con los enclaves de mayor peso de las diferentes culturas celtas, y lo mismo sucede en el resto del mundo occidental.
Los celtas se distinguieron por ser venatores lapidum (adoradores de las piedras), y, como tales, no tardarían en ser anatemizados por la iglesia. Se sabe que en el Monsacro asturiano, la capilla dedicada a la Magdalena, fue construida por los templarios sobre un dolmen, y cuenta la tradición que, desde tiempos ancestrales, se sube en peregrinación a este sagrado lugar por dos motivos: uno, adorar la piedra que sirve de base al Pozo de Santo Toribio, donde tenía su morada el anacoreta templario, y en segundo lugar, para recoger cardos, en los alrededores de la Capilla, como símbolos de la divinidad solar. Elementos, ambos, estrechamente relacionados con la cultura céltica.
En las creencias populares de los pueblos europeos de filiación celta aún se mantienen restos de la fe en los poderes de las grandes piedras. Los espacios intermedios entre los bloques de estas sagradas piedras y las rocas naturales del entorno, o bien los agujeros que en ellas aparezcan, siguen siendo considerados áreas vinculadas con los ritos de fertilidad y salud. Por ello, el dolmen, como edificio principal de esta civilización, se considera símbolo de la Gran Madre, mientras que el menhir, como piedra aislada clavada en el suelo, es una evidente manifestación masculina que fecunda a la tierra.
Por ello, ante la fuerza cósmica que irradia una piedra bruta, que encarna los principios masculino y femenino, los celtas no dudaron en establecer en estas piedras erguidas el concepto de transmisión de los saberes ocultos, al tiempo que sagrados; los campanarios de las iglesias cristianas están basados en el principio masculino de verticalidad de los menhires, mientras que el altar encarna al dolmen, como morada de residencia divina.
En diferentes lugares de las islas Británicas, la herencia celta ha mantenido unas tradiciones relacionadas con las piedras. Una de ellas es el "Pozo Mágico", de Cornualles.
La conocida "Piedra de las Caricias", es un gigantesco menhir que se alza en Holy Island, Northumberland (Inglaterra), cargado de mitos y leyendas. Según la tradición, fue el rey celta Ethelwold quien mandara erigir esa pesada mole de granito, llamada "piedra del cubo", en el término de Lindisfarne Abbey. Con el correr del tiempo, este menhir sería conocido popularmente como "Piedra de las Caricias", porque en todas las ceremonias nupciales que en aquella abadía se celebraban la novia estaba obligada a pisarla. Si no lograba dar un paso largo hasta el extremo de la piedra, el matrimonio sería desgraciado.
Lo que está claro es que ésta y otras muchas piedras -principalmente menhires- repartidas por toda la geografía occidental de incuestionable cultura céltica, eran fuentes de transmisión de poderes de fertilidad; en algunos de estos lugares, las esposas estériles y también las recién casadas debían visitar al menhir a medianoche para garantizar el embarazo; además, dormir en contacto con el menhir toda la noche, soportando el frío y la humedad del ambiente, es garantía de siete hijos.


PIEDRAS SANADORAS.- Se dice que las piedras que dejan hendiduras y espacios intermedios se utilizaban "para pasar por ellas arrastrándose"; la persona que lo hacía se desprendía, al mismo tiempo, de diferentes enfermedades o de alguna molestia. Piedras con resbaladero entallado servían, en la permanencia de las creencias de los pueblos celtas, como magia por contacto; especialmente eran utilizadas por las mujeres que se deslizaban por ellas con las posaderas desnudas, procurando con ello apoderarse de las fuerzas de la fecundidad de los "huesos de la Madre Tierra", para librarse de la maldición de la pesadilla de la esterilidad.
A la piedra, por tanto, se le atribuía la virtud de almacenar las fuerzas de la tierra y transmitirlas por contacto a las personas, y esta creencia se debe a los celtas quienes supieron valorar las energías de la Madre Tierra, para el bien del ser humano, en todos los sentidos.
En las ancestrales creencias asturianas, de origen celta, se conoce aún el término de "polvo de ara", que definía las losas de piedra de los altares -así como las losas horizontales de los dólmenes megalíticos-, tenían propiedades sagradas, incluso anticonceptivas, relacionadas con el mal de ojo, como las llamadas "piedras de azar"; por ello, se solían extraer de estas piedras una arenilla, con la cual combatir mejor las fuerzas del mal de ojo.
PIEDRAS DE LLUVIA.- Si las piedras llamadas "de rayo", que con el sílex prehistórico, eran relacionadas con la punta misma de la flecha del relámpago, veneradas y conservadas por los celtas, las piedras de lluvia suponían la personificación del espíritu petrificado de sus antepasados, como símbolos de la morada celestial; donde se hallaban en el Más Allá.
Las piedras de lluvia apaciguaban y retenían el alma de los desaparecidos, al tiempo que fertilizaban el suelo y atraían la lluvia benefactora para las tierras de labor, siendo, además, un elemento civilizador que representa a los antepasados, los dioses y los héroes tutelares. Esta fuerza espiritual hizo que las piedras de lluvia fuesen objetos de culto.



miércoles, 15 de julio de 2015

Druida


El druida -palabra cuyo origen etimológico significa "el hombre de roble"- señala su vinculación con el hábitat de los bosques; otros autores, en cambio, consideran que el término responde  a distinto origen y lo interpretan como "los muy sabios". El mismo Julio César, en sus Crónicas de la guerra de las Galias (VI, 13), supo distinguir muy bien a este influyente grupo como un cuerpo cohesionado, claramente diferenciado del estamento aristocrático de la sociedad céltica de la Galia. Estrabón relaciona, en cierto modo, a los druidas, bardos y vates, como integrantes del sacerdocio de estos pueblos.
Entre los antiguos celtas, el druida era miembro de la clase alta sacerdotal, estrechamente ligado a poder político y religioso, y considerado depositario del saber sagrado. Además de chamanes y videntes, eran consejeros legales y morales. El período de formación duraba un mínimo  de veinte años, en los que memorizaban los misterios y las leyes. 
Fueron numerosas e importantes las funciones que desarrollaron los druidas; entre las cuales, en su dimensión religiosa, se encontraba velar por las cosas divinas, además de la celebración de sacrificios a los dioses, tanto de carácter público como privado; igualmente eran responsables de impartir justicia, a través de unos conocimientos que recibían del Más Allá, según las creencias del pueblo, basados en una ciencia ancestral que tenía como fuente la Naturaleza, en todas sus dimensiones. A ellos también les ocupaba el orden del tiempo, la cuarta dimensión, que sacralizaban en las ceremonias que llevaban a cabo en los lugares de poder, mirando al cosmos, mientras predecían solsticios y equinoccios, desde plataformas naturales (montañas sagradas y rocas monumentales), observación que les permitía elaborar los calendarios y la determinación de los días fastos o nefastos.
Las asambleas de los druidas se celebraban en los bosques. Se sabe además, que la autoridad del druida estaba muchas veces por encima de la del rey (tenía el derecho de hablar antes que aquél), y cuya elección solía reglamentar y orientar. El más famoso de todos fue Merlín, sabio consejero de Arturo. La mitología celta cuenta también con otros dotados druidas como Amergín y Cathbad, que eran bardos profetas y consejeros de reyes y de jefes. Algunos vivían como ermitaños en los bosques, pero sin perder por ello poder en la sociedad celta. Aunque solían ayudar a los mortales, algunas hadas maléficas como Morgana o Nimue hicieron uso de sus poderes sobrenaturales, manipulando a los hombres para sus propios fines.
Julio César habla de las escuelas druídicas donde gran cantidad de su saber se memorizaba en verso en un entrenamiento que a menudo duraba veinte años. Estudiaban astronomía, el universo, el mundo, filosofía moral y los dioses. Muchas lecciones se presentaban como acertijos. También realizaban sacrificios, algunas de estas ceremonias envolvían víctimas animales y humanas, metidas en trabajos de paja que luego se quemaban.
Pero todo este poder y, en particular, por los profundos conocimientos que contaban, los druidas de la Galia fueron sangrientamente perseguidos por los romanos, como recuerda Jean Markele: "Cuando Roma extendió su imperio sobre todo el Mediterráneo y parte de Europa occidental, se tuvo cuidado de eliminar todo lo que pudiese dañar su estructura sociocultural. Esto es evidente en los países celtas: los romanos persiguieron a los druidas hasta que desaparecieron de la Galia y, posteriormente, de Britannia. Los druidas representaban una amenaza absoluta para el estado romano porque su ciencia y filosofía contradecían peligrosamente la ortodoxia romana. Los romanos eran materialistas, los druidas, espirituales. Para los romanos, el estado era una estructura monolítica extendida sobre unos territorios deliberadamente organizados en una jerarquía. Para los druidas era un orden moral libremente aceptado con una idea central completamente mítica. Los romanos basaban su ley  en la propiedad privada de la tierra, con derechos de propiedad enteramente concentrados en el cabeza de familia, mientras que los druidas siempre consideraron la propiedad como algo colectivo. Los romanos consideraron a las mujeres portadoras de niños y objetos de placer, mientras que los druidas incluían a las mujeres en su vida política y religiosa. Se puede entender así cuán seriamente se vio amenazado el orden romano por el subversivo pensamiento de los celtas, a pesar de que nunca se expresó abiertamente. La facilidad de los romanos para librarse de las élites galas y britanas siempre se consideró asombrosa, pero no se tiene en cuenta que se trataba de una cuestión de vida o muerte para la sociedad romana." A pesar de ello, Julio César tuvo que recurrir al oráculo de un druida, Diviciaco, a quien, como agradecimiento por sus predicciones sobre la guerra que el romano estaba llevando a cabo en los pueblos galos, nombró consejero.
Los druidas y demás miembros del estamento sacerdotal de la Galia eran seleccionados de las capas altas de la sociedad, que estaban exentas de impuestos, además de no participar en los combates; pero sí podían exhortar al pueblo a tomar las armas. Esta posición de prestigio de la clase sacerdotal, los profundos conocimientos que atesoraban y la valentía que mostraba en situaciones difíciles animaron a muchas familias a confiar en los druidas la educación de sus hijos. El aprendizaje de lo más arduo, podía prolongarse incluso veinte años; se llevaba a cabo en los espacios profundos de los bosques, a la sombra de un roble, o bien en el interior de un recinto rodeado de piedras, en planta ovalada que recordaba la quilla de una embarcación. Los innumerables conocimientos que recibían los alumnos debían ser memorizados, al estar prohibido ponerlos por escrito, incrementando, aún más, el carácter esotérico de tales saberes. Muchas lecciones se presentaban como acertijos. También realizaban sacrificios, algunas de estas ceremonias envolvían víctimas animales y humanas, metidas en trabajos de paja que luego se quemaban.
En muchos lugares de Irlanda se podían ver, como reliquias de antiguos tiempos, grandes piedras planas sobre pilares de piedra. Sobre estos altares los druidas realizaban sus sacrificios antiguamente, y ejecutaban sus machos cabríos, toros, y sus carneros, a la vez que los druidas se arrodillaban recibiendo la sangre de sus víctimas sobre sus cuerpos, para lavar sus pecados. Las pieles de estos animales que sacrificaban servían para realizar conjuros y realizar la "geasa" (magia) contra los demonios. También esta magia podían realizarla mirando su propia imagen en el  agua, u observando fijamente las nubes del cielo, o escuchando silenciosamente el ruido del viento o el canto de los pájaros. Pero cuando todo esto fallaba, entonces tenían que realizar lo más supremo, que consistía en hacer círculos con zarzas poniendo encima las patas traseras de los animales ofrecidos en sacrificio, y con sus poderes mágicos llamaban a los demonios para obtener información.
Los druidas de la Galia solían reunirse una vez al año, para la fiesta de Shamain, o bien en el solsticio de verano, en el drunemeton de los Carnutes, situado en donde actualmente se encuentra la ciudad de Chartres (que posee la más famosa de las catedrales góticas de Francia, cuyo laberinto evoca, al mismo tiempo, el sagrado bosque de robles, en los cuales impartían su doctorado los druidas galos). Los druidas defendían la transmigración de las almas -creencias que también abrigaban los cátaros medievales-; de esta forma, los sacerdotes celtas inculcaban en el pueblo el desprecio a la muerte, especialmente a los guerreros que iban al combate. El drualismo galo no desapareció en la batalla de Alesia, sino que se mantuvo latente incluso bajo dominio romano, interviniendo en todo momento para exhortar a la resistencia indígena contra los invasores.
En la mitología celta de Irlanda, que alcanza hasta el mundo medieval, el concepto de druida es igualmente notable, al tratarse de un personaje del mayor prestigio, tanto en el ámbito social como político. Sobre él recaía toda la responsabilidad de la entronización de los monarcas. El druida irlandés debía velar por la educación de los jóvenes procedentes de los grupos aristocráticos, también, como consejero real, y protegido con una coraza, acudía a los combates. Los druidas de Irlanda tenían la facultad de la adivinación, mediante la observación del firmamento, interpretando el estado de las nubes, o bien lanzando augurios. Según la dirección y forma tomados por las llamas de un fuego encendido por ellos con ramas de fresno (el árbol sagrado de los templarios); igualmente tenían la facultad de adivinar el futuro interpretando los sueños. Se ha confirmado la existencia de sacerdotisas entre los druidas irlandeses.
Se han encontrado interesantes evidencias que confirmarían la presencia de druidas en los pueblos de la Iberia céltica.

DRUIDAS CAUSÍDICOS
Encargados de impartir justicia. Actuaban como intermediarios en los conflictos.

DRUIDAS SARÓNIDOS
Poseedores del conocimiento científico, que solían transmitirlo a los jóvenes discípulos.

DRUIDAS VACÍOS
Los únicos druidas que se relacionaban con los dioses. Funcionaban como intermediarios entre éstos y los hombres. Tenían conocimiento de la naturaleza y sabían extraer de ella todo el saber posible: sobre astronomía, medicina, etc. Se puede decir que eran los sabios. Actuaban como sacerdotes en los rituales y, posiblemente, eran quienes llevaban a cabo también los sacrificios humanos que se practicaban. Mantenían la creencia de la vida y la muerte y la migración de las almas.


domingo, 12 de julio de 2015

Bardo

En los antiguos tiempos célticos, poeta lírico al que se le atribuía una gran importancia. Su principal función era cantar las alabanzas de su rey acompañado de instrumentos semejantes a las liras. Estas canciones incluían poemas de elogio y también sátiras. Al contrario que sus homólogos del mundo clásico, los bardos celtas no conservaban por escrito sus mitos y poemas, sino que los transmitían oralmente de maestro a alumno




miércoles, 1 de julio de 2015

Bel (Belenus)

Dios galo que simbolizaba la luz del Sol. Su propio nombre significa "Brillante". Su brillo permitía curar las heridas. En la fiesta de Beltene, a comienzos del verano, se adoraba encendiendo hogueras y llevando el ganado hasta ellas para que les protegiera de las enfermedades. A dichas hogueras las llamaban Los fuegos de Bel y simbolizaban los rayos de Sol. Con ellas veneraban al dios para que éste les concediera un productivo verano.
Los romanos lo identificaron con Apolo.
Conocido también como Belenus fue adorado en la Galia y norte de la península Ibérica. A veces aparecen otros sobrenombres que se refieren a él., como: Vindios, Albius o Vinturos.
Es conocido por Beli entre los galeses, y por Bel, Beul, Beleros o Beli entre los irlandeses.


jueves, 8 de mayo de 2014

Triskel, el triple círculo sagrado.


El triskel (división del círculo en tres sectores iguales) era el amuleto que portaban los druidas colgado en el pecho, como símbolo de la sabiduría para su poseedor y, al mismo tiempo, del poder absoluto.
El triskel supone una figura en constante movimiento de rotación, segmentada en tres espacios y dimensiones estrechamente relacionados entre sí, aunque ajenos al devenir del tiempo, su posición en el espacio y la ubicación en un momento histórico.
Como símbolo de la trascendencia, esta figura estaría relacionada con la inmortalidad del alma de los fallecidos. Por ello, no es una casualidad que los templarios, entre otros muchos valores, recogieran de los celtas el sentido de triskel, que inscribieron en el tragaluz de algunas ventanas circulares, y colocaron en lugares sagrados -capillas o iglesias funerarias- vinculados, en muchos casos, con el paso al Más Allá. En este símbolo resulta muy fuerte la asociación del movimiento giratorio y circular mediante la "dinamización" de la dirección.
El triskel, como forma de constante movimiento, es una figura que estaría destinada a proporcionar el éxtasis y facilitar ese cambio de dimensión espacial a otro mundo, o, lo que es lo mismo, el paso del reino de los vivos al del Más Allá; con ello volvemos a recordar que se trata de una rueda, pero que, al observarla con detenimiento, se llegaba a penetrar en el interior del universo, que es, al mismo tiempo, descubrir nuestros espacios internos.
El triskel, como símbolo esquemático de la evolución del universo, es, al mismo tiempo, una forma de crecimiento relacionada con el número de oro (1.618), debida al movimiento de rotación de la tierra. Las tres espirales que segmentan el espacio interior del círculo representan una serpiente enroscada.
El triskel celta, tras la llegada del cristianismo, inspiraría el símbolo de la Trinidad.
Es importante hacer referencia a la doble espiral, con la cual se establece la comunicación entre los dos principios o puestos, lo que nos llevaría al yin-yang. Desde la dimensión cósmica, la espiral doble puede ser considerada la proyección, en una única dimensión, de las dos mitades del huevo del mundo del andrógino primordial, separado en dos estadios delimitadores de las aguas superiores e inferiores.



domingo, 27 de abril de 2014

Stonehenge


Los hombres que construyeron Stonehenge, allá por el año 1800 a.C. tuvieron una rigurosa visión temporal y espacial del universo. Por ello, después de innumerables trabajos científicos llevados a cabo en este impresionante anillo de piedras (el Sarsen Circle: círculo mágico) que se alza en el condado de Wiltshire, sobre la llanura de Salisbury, al sur de Inglaterra, no resulta nada descabellada la concepción de que nos encontremos ante un verdadero planetario de piedra trazado con la mayor precisión astronómica. Por tanto, se trata del primer calendario -pionero de los relojes solares- creado por el hombre de la Edad de Piedra del mundo occidental. El primer rayo del amanecer del 21 de junio (solsticio de verano) el astro rey se levanta exactamente sobre uno de los altares de este monumental conjunto de piedra.
La región de Wiltshine fue uno de los más importantes centros religiosos del mundo megalítico europeo, y todavía hoy mantiene aquella atmósfera de mito y leyenda; un paisaje húmedo, castigado por la erosión, que evoca el escenario en el que coincidieron los ritos de los adoradores del Sol, y luego mantenido por la civilización celta.
La primera referencia que se tiene de este monumental complejo pétreo se remonta al siglo XI, época de la realización de un viejo códice de Cambridge, en cuya lectura se atribuye al mago Merlín la construcción de esta catedral megalítica.
Stonehenge, como inmenso crómlech participa del simbolismo del círculo (proceso cíclico, totalidad, perfección) del disco, como representación del astro rey; y, al mismo tiempo, de la piedra, teofanía para la mayoría de los pueblos primitivos, asociada a los cultos de la fertilidad. En medio de este círculo interior de anillos de monolitos (menhires), el hyrmensut, o piedra del sol, el ara sagrada, sobre la cual los druidas celtas oficiaban sus ritos y ceremonias.


martes, 22 de abril de 2014

Inmortalidad del ser


Creencia principal de los druidas según la cual los muertos continuaban viviendo en otro mundo, identificado como subterráneo, donde el fallecido acompañaba a sus dioses. Es por ello que los enterramientos celtas se hacían acompañando al cadáver con toda clase de objetos cotidianos, pues su uso por parte del fallecido continuaría por siempre.

Metempsicosis


Doctrina religiosa y filosófica, también llamada de la transmigración de las almas, de acuerdo con la cual éstas se encarnan después de la muerte en otros cuerpos de mayor o menor perfección, según los méritos alcanzados en la existencia anterior.
Se tiende a identificar a la metempsicosis con la reencarnación, pero la verdad es que hay una diferencia sustancial entre ambas: la metempsicosis admite la posibilidad de que el alma humana pueda encarnarse de nuevo en seres inferiores como animales o plantas; en cambio la reencarnación postula que por ley el hombre nunca puede retroceder en la escala de la evolución y, por lo tanto, sólo puede encarnarse de nuevo en otra alma humana o ser superior.